El Legado de un Siervo que Marcó a Dos Naciones
A sus 94 años, el fundador de la iglesia Bethel en Lakewood, Nueva Jersey, es el testimonio vivo de que el verdadero llamado no conoce la jubilación. De las tierras de Baní a los altares de Estados Unidos, una vida rendida a Dios que hoy inspira a tres generaciones.
De la Cuna Humilde al Fuego del Espíritu
En 1930, la provincia de Peravia, en Baní, República Dominicana, vio nacer a un niño llamado Manuel de Jesús Cruz. Para su familia, siempre fue simplemente “Negro”. De cuna humilde pero marcado desde el vientre por un propósito celestial, su historia cambió para siempre a los 18 años, cuando rindió su vida a Jesús y el Espíritu Santo encendió en su alma un fuego inextinguible.
En 1954, ingresó al Instituto Bíblico Central con el único anhelo de escudriñar la Palabra; no soñaba con grandes púlpitos, pero Dios sí. Tan solo ocho días después de su graduación en 1957, fue enviado a Derrumbadero. Allí, en un territorio donde reinaba la brujería, el joven Manuel plantó la luz del Evangelio. Un año más tarde, en 1958, unió su vida en matrimonio con Cándida Rosa Soto, su compañera idónea, con quien levantó nueve hijos y decenas de altares de adoración.
El Pastorado en la Isla y el Liderazgo Nacional
Su ministerio continuó expandiéndose en Pedernales a partir de 1961, iniciando con apenas siete miembros. Con los años, su liderazgo dejó huellas imborrables: iglesias, capillas, el Colegio Esmirna y el recordado programa radial “El Encuentro con Dios”. Tras 16 años de incansable servicio, se trasladó a San Pedro de Macorís en 1977, y posteriormente a Santo Domingo, donde su integridad y visión lo llevaron a ser electo, en 1982, como Superintendente Nacional de las Asambleas de Dios en la República Dominicana.
El Salto a Lakewood, NJ: Abriendo Camino en la Diáspora
El año 1987 trajo consigo la residencia americana y un nuevo giro en el mapa de su destino. En 1988, el Reverendo Cruz llegó a Lakewood, Nueva Jersey, asumiendo el desafío de liderar la Bethel Church con apenas un puñado de hermanos. A través del evangelismo, las células en los hogares y las visitas constantes, la gracia de Dios multiplicó la obra de tal manera que el templo original quedó pequeño, requiriendo la apertura de dos cultos para albergar a la creciente comunidad hispana.
Sin embargo, la fe del pastor Manuel no estuvo exenta de ser probada por el fuego del dolor. La pérdida de su hija Noemí a los tres meses de nacida, y más tarde la de su hijo Esdras en 1993, sacudieron su alma, pero no su altar. Apropiándose de Job 13:15, su declaración ante la prueba siempre fue: “Aunque él me matare, en él esperaré”.
Un Legado que no se Traspasa en Papel, se Imparte con Vida
Hoy, a sus 94 años, el Reverendo Manuel de Jesús Cruz es una epístola viva que grita al mundo la fidelidad de Isaías 46:4: “Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo”.
La fe verdadera no se hereda de forma automática, se modela con el ejemplo. Lo que comenzó hace más de medio siglo con el pastor Manuel y su esposa Cándida, hoy continúa latiendo con la misma pasión en sus hijos y yernos, quienes pastorean el Reino con el mismo Espíritu. Es el cumplimiento vivo del Salmo 103:17: “Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos”.
Dos generaciones, un mismo Espíritu y un solo Dios que nunca falla. La evidencia de este caminar con Dios ha quedado plasmada en las páginas de su propio libro, “El andar de un siervo”, un mapa de inspiración para la comunidad hispana en los Estados Unidos que demuestra que, cuando el corazón le cree a Dios, el impacto de una vida trasciende las fronteras y el tiempo.

