Hay preguntas que parecen inofensivas porque las hemos repetido durante generaciones. ¿Cuándo te casas? ¿Cuándo tendrás hijos? ¿Y el segundo para cuándo? Forman parte de conversaciones familiares, reuniones entre amigos y encuentros cotidianos, casi siempre pronunciadas sin mala intención. Para la cineasta chilena Maite Alberdi, precisamente ahí se encuentra uno de los conflictos más inquietantes de Un hijo propio: en descubrir que una pregunta puede convertirse en una forma de presión incluso cuando quien la formula no es consciente de ello.
“A mí me encantaría que esa fuera como la pregunta de la película, que nos demos cuenta cuánto, sin querer y sin una intención de presionar, estamos presionando con esas preguntas inocentes que no son tan inocentes para el que la está viviendo”, explica Alberdi durante nuestra conversación. Es una reflexión que permite entrar a una película que podría haber sido construida como un relato criminal, pero que deliberadamente decide buscar algo mucho más incómodo: no solamente qué ocurrió, sino qué condiciones emocionales y sociales hicieron posible que ocurriera.
Un hijo propio parte de la historia de Alejandra, una mujer cuya necesidad de cumplir con las expectativas asociadas a la maternidad termina conduciéndola hacia una situación extrema. Alberdi llegó inicialmente a ella sin conocer todas las dimensiones de su historia. Ese descubrimiento ocurrió mientras la película ya estaba en proceso y obligó a la directora a reconsiderar no sólo al personaje, sino también su propia posición frente a lo que estaba filmando.
“Yo siento que en mis otras películas no he tenido que cambiar tanto mi punto de vista y mi percepción de los personajes en el proceso”, reconoce. En un primer momento, Alberdi había escuchado fundamentalmente la versión de Alejandra. Después llegaron otros elementos: “Choqué con la realidad y empecé a escuchar. Me llegó la sentencia del juicio, conocí a la jueza y a Mayira (La madre) entonces entran las otras voces que me distancian de Alejandra, pero que al mismo tiempo, entendiendo las otras voces, también me vuelvo a conectar con ella”.

